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Mi socorro viene de Dios

Foto del escritor: Marlon CoronaMarlon Corona

"Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová. Qué hizo los cielos y la tierra" (Salmo 121:1-2).


Muchas personas se preguntan: “¿cómo puedo ser realmente feliz en esta tierra? ¿Cómo puedo tener paz en mi corazón en medio de lo que estoy viviendo?”


Estas son preguntas muy válidas e importantes. Sin embargo, muchos desconocen la respuesta que puede satisfacerlos verdaderamente.


El secreto para vivir una vida plena y abundante de paz, un vida realmente feliz y victoriosa, consiste en depositar nuestra fe en el lugar correcto.


Es decir, el lugar en donde está apoyada nuestra fe, determinará si vivimos con entusiasmo, paz y felicidad.


Hoy en día, muchas personas, en lugar de apoyarse en Dios y tener fe en Él, optan por seguir su propio camino.


Muchas personas, actualmente, se encuentran siguiendo las riquezas, el estatus, los ídolos, e incluso a sí mismos.


La Biblia, sin embargo, nos revela que el poder humano es insuficiente, que las riquezas son inciertas y que vivir siguiendo nuestro propio camino y pensamiento es el atajo a la autodestrucción.


En otras palabras, cuando el hombre sigue su propio corazón y cegado va tras el engaño de las riquezas, o cuando el hombre adora dioses falsos, su vida es quebrantada.


Jeremías 17:9 dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso”. Es decir, nuestro propio corazón no es de fiar.


Además, Proverbios 3:5 nos advierte lo siguiente: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”.


No solo eso, el apóstol Pablo le dijo a Timoteo lo siguiente: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9).


En pocas palabras, el corazón no es de fiar, los caminos del hombre no siempre son los correctos y las riquezas son engañosas.


En el Salmo 121, encontramos una declaración similar a lo anterior. En el versículo 1 dice de esta forma: “Alzaré mis ojos a los montes” y el salmista pregunta: “¿De dónde vendrá mi socorro?” El significado de esta pasaje es asombroso.


En los tiempos bíblicos, las personas que no confiaban en Dios, subían a los montes y, debajo de los árboles, quemaban incienso y hacían oraciones a los dioses falsos.


Aquellos dioses eran hechos a mano, con arcilla, madera, plata y oro. Sin embargo, al ser fabricados por los hombres, eran incapaces de proveer alguna ayuda o socorro.


Salmo 115:4: “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres”.


Por eso, el salmista declaraba en un tono irónico: “Alzo mis ojos a los montes”. Es como si dijera: “He visto a los que suben y hacen oraciones a los dioses falsos”.


Y por eso preguntaba: “¿De dónde vendrá mi socorro?” Esto significa: “Sé que mi ayuda no vendrá de estos dioses falsos”.


En la misma declaración del Salmo 115 encontramos también lo siguiente:

5 Tienen boca (estos ídolos), mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven;

6 Orejas tienen, mas no oyen; Tienen narices, mas no huelen;

7 Manos tienen, mas no palpan; Tienen pies, mas no andan; No hablan con su garganta.

8 Semejantes a ellos son los que los hacen, Y cualquiera que confía en ellos.


En pocas palabras, tales dioses falsos, hechos con las manos de los hombres, son incapaces de ayudar, de proveer socorro y de transformar la vida para bendición.


Por esta razón, el salmista declaró en el versículo 9: “Oh Israel, confía en Jehová; Él es tu ayuda y tu escudo”. ¿Qué quiere decir todo lo anterior?


Si queremos ser felices, dar con el paradero de la paz y queremos vivir una vida victoriosa en todos los ámbitos, debemos llegar a esta misma conclusión.


Tenemos que abandonar una equivocada fe en nosotros mismos, debemos dar la media vuelta a los dioses falsos, debemos dejar de confiar en las riquezas, para solo mirar al Señor.


Debemos decir: “Yo sé que en mí mismo no está la respuesta. Sé que en las riquezas no está la satisfacción ni la solución para mí. Tengo la convicción de que los ídolos y los dioses de esta tierra no pueden ayudarme”.


El cántico gradual del Salmo 121 continua diciendo de esta forma: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?” Y el mismo salmista responde: “Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra”.


¡Qué preciosa, asombrosa y digna es esta conclusión! El Señor, solo Él, es mi ayuda y mi socorro, pues Él hizo los cielos y la tierra.


Esta última parte “Pues Él hizo los cielos y la tierra” significa que Él está sobre todas las cosas. Él es Soberano.


Aunque las circunstancias me superen a mí, nunca podrán superarlo a Él. Aunque los problemas se salgan de mis manos, nunca podrán salirse de las suyas.


El pastor Spurgeon solía decir: “Lo último el hombre es el inicio de Dios”. Esta frase significa que cuando las fuerzas del hombre terminan, las de Dios apenas comienzan.


Significa que aunque algunas cosas nos superen, Dios nunca podrá ser superado.


Isaías 26:3-4 dice de esta forma: “3 Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. 4 Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos”.


Cuán seguros estamos en Dios. No hay una razón para ser infelices, para vivir ansiosos o desesperados, si confiamos en Dios.


Amados, solo quien hace de Dios su entera confianza y descansa en Él, puede dar con el paradero de la paz, puede ser verdaderamente feliz y tiene fuerzas para enfrentar la vida, por adversa que esta sea.


El día de hoy, también nosotros debemos elevar nuestra vista a los montes y declarar: “Mi socorro viene del Señor, Él está sobre todas las cosas”.


Cuando esta declaración brote de nuestro corazón con toda sinceridad, podremos tener éxito en la vida. Podremos vencer toda dificultad y tener paz en medio de las tempestades de la vida.


A partir de este día, ponga solo su fe en Dios. Que su fe sea exclusiva del Dios que guarda y protege nuestras vidas. Él es el Dios que hizo los cielos y la tierra.



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