El punto de vista de Dios
- Marlon Corona
- 18 jun 2019
- 4 Min. de lectura
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención (1 Corintios 1:30).
Ante la pregunta ¿qué es un cristiano? O ¿qué significa ser cristiano? Entre otras cosas, debemos responder que se trata de ser una persona que ha decidido vivir aferrada a la perspectiva de Dios en lugar de la perspectiva del hombre. Cuando vivimos de acuerdo con el punto de vista de Dios estamos llevando a cabo la vida cristiana. Sin embargo, ¿en qué consiste vivir según la perspectiva de Dios?
Un día, Dios mandó a Jonás que predicara la advertencia de un juicio contra la ciudad de Nínive, que era la capital de Asiria (Jonás 1:2). Pero cuando Jonás se puso a reflexionar sobre el pasado de Nínive, que persiguió al pueblo de Israel y fue enemigo de los israelitas, se endureció su corazón, desobedeció a Dios y se embarcó hacia Tarsis, que era el lado opuesto al que Dios lo había enviado.
En su intento por huir, Dios envió un gran viento que azotó el barco que llevaba a Jonás. La gente que iba en aquella embarcación se aterrorizó y, después de indagar, se dieron cuenta que el causante de aquella tempestad era Jonás quien no había obedecido a Dios. Por eso, lo tiraron por la borda y fue tragado por un gran pez (Jonás 1:17).
Mientras estaba en el vientre del pez, Jonás reflexionó sobre su modo de vida y se arrepintió. Comprendió que no debía vivir de acuerdo con la perspectiva humana sino que debía vivir de acuerdo con el propósito de Dios. Como resultado, el Señor oyó su oración e hizo que el gran pez vomitara a Jonás en la playa.
A lo largo de nuestra vida, nosotros también tenemos que enfrentar el dilema de seguir la perspectiva humana o la divina. En tales momentos tenemos que desechar resueltamente nuestras ideas humanas y nuestra propia sabiduría, y aceptar el camino de Dios. Solo entonces, Dios nos guiará y nos bendecirá.
Debemos comprender que la fe es el acto de abandonar nuestro propio punto de vista para adoptar el de Dios. En la Biblia, uno de los hombres que marcó la historia por tomar una decisión de estas dimensiones fue Abraham. Él escuchó el mandato de Dios y obedeció definitivamente (Hebreos 11:8).
Pasados algunos años, Dios habló nuevamente a Abraham y le prometió que iba a tener un descendiente que nacería de él. En una escena conmovedora, Dios le pidió a Abraham que mirará las estrellas del cielo. A través de esa escena, Dios prometió a Abraham que sus descendientes serían más numerosos que las estrellas del firmamento.
En ese momento, Abraham estaba en una encrucijada: seguir su vida basado en su perspectiva humana o seguir la perspectiva divina. Sin vacilar, el anciano Abraham creyó en las palabras infalibles de Dios y entonces un milagro sucedió: Dios le consideró “justo” (Génesis 15:5-6). Debido a la fe Dios obró un milagro. Pero no fue una fe cualquiera sino una que se aferró a lo que Dios había prometido. Eso hace la fe (Romanos 4:18-22).
Todos saben, sean creyentes o no, que Dios le dio un hijo a Abraham en su vejez. Dios resucita muertos y vuelve posible lo imposible, y Dios concede milagros extraordinarios a personas que abandonan toda seguridad en la perspectiva humana y optan por la perspectiva de Dios. Entonces, el propósito de nuestra vida es vivir aceptando el punto de vista de Dios y creer en sus milagros.
Jonás se arrepintió y Abraham creyó en Dios. Pero, ¿qué hay de nosotros el día de hoy? La Biblia describe con toda claridad el punto de vista que Dios tiene de nosotros. Y de la misma manera que Jonás y Abraham, tenemos que abrazar esa perspectiva para lograr la plenitud y presenciar los milagros.
1 Corintios 1:30 describe la vida que Dios trazó nosotros. Primero, Dios nos considera sabios. Los que no creen en Jesucristo pueden vivir de acuerdo a sus razonamientos e ideas. Puede que digan de nosotros: “Ese hombre es un necio. Esa mujer es débil de mente”. Sin embargo, ante los ojos de Dios aquel que ha aceptado a Cristo, son considerados sabios.
Segundo, por la cruz de Cristo, Dios nos declara justos. En el momento en que recibimos a Cristo, nuestros pecados son perdonados absolutamente. En tercer lugar, Dios nos considera santos. Es decir, para Dios, somos un pueblo especial y escogido que debe vivir apartado de las obras pecaminosas.
Y en cuarto lugar, Dios nos llama y nos considera sus redimidos. Esto significa que somos su especial tesoro. Mediante la sangre de Jesús, Dios compró nuestras vidas para sí mismo. Como hijos de Dios, hay que aferrarnos todos los días a esta perspectiva que Dios tiene de nosotros.
Cuando vemos la vida, basándonos en el punto de vista de Dios, nuestras vidas son renovadas. Para caminar con Dios, hay que aprender a mirarnos como Dios nos mira y valorarnos como Dios lo haría. Cuando miramos el mundo desde una perspectiva humana, solo podemos sentir desesperación y ruina. Sin embargo, cuando miramos la vida desde la perspectiva de Dios, nos llenamos de la poderosa esperanza de salvación que hay en el Señor.
Haga esta oración conmigo.
Amado Dios, nuestro amoroso Padre celestial, ayúdanos a considerar este mundo no a través de nuestra perspectiva humana, sino a través de tu punto de vista. Señor, ¿cuánto dolor y amargura hemos experimentado por seguir nuestros propios pensamientos?
El día de hoy, ayúdanos a vivir por fe, recordando la cruz de Jesucristo. Que llevemos vidas victoriosas de acuerdo con tu perspectiva. Tú nos llamas sabios, justos, santos y redimidos. Ayúdanos a mirarnos de ese modo también. Lo pedimos en el nombre de Jesús tu Hijo y nuestro Salvador. Amén y amén.
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