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Aceptados en el cielo

Foto del escritor: Marlon CoronaMarlon Corona

Actualizado: 20 sept 2019

"Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo." (Efesios 1:4)


Una de las emociones más destructivas y dolorosas que puede experimentar una persona es el rechazo. Cuando este sentimiento se encuentra en el corazón de alguien, esa persona se vuelve solitaria, depresiva, ansiosa y cae en el complejo de autodestrucción.


Dios quiere sanar nuestras heridas emocionales del pasado. Él quiere trabajar en nosotros y renovarnos por medio de su amor sanador y su gracia. La voluntad de Dios es que nuestro ser interior sea renovado por el poder del Espíritu Santo y que seamos libres de las emociones destructivas ocasionadas por el rechazo.


Campbell Morgan, fue un famoso predicador del siglo XIX. En 1888, estaba en la lista de los 150 predicadores que serían ordenadas y autorizados como pastores por la iglesia Metodista. Después de mucha preparación, presentó los exámenes doctrinales y los aprobó. Después, vino la prueba del sermón.


En un auditorio con capacidad para mil personas, solo había tres sinodales y 25 maestros que vinieron para escucharlo. Desde el púlpito, Morgan hizo lo mejor que pudo y puso todo su empeño en aquella predicación. Dos semanas después, el nombre de Morgan apareció entre los 140 “Rechazados” para el ministerio ese año.


Esto representó una de las causas más terribles de su desánimo y pensó en abandonar el ministerio. En su diario escribió estas palabras: “Todo se ve muy desalentador. No sé siquiera si nací para ser predicador”. Le mandó a su padre un telegrama con una sola palabra: “Rechazado”. Al día siguiente, su padre le contestó por carta: “Rechazado en la tierra. Aceptado en el cielo. Te ama, papá”.


Años más tarde, Morgan dijo que la carta de su padre fue lo que le ayudó a superar ese momento difícil en su vida. Después de leer aquellas palabras escritas en esa carta, Morgan recobró el ánimo y pensó: “Si la denominación me rechaza y considera que no soy buen predicador, quizá los pobres y los pecadores quieran escuchar mi mensaje”.


Con ese ánimo salió a las calles de Inglaterra y comenzó predicar fervorosamente. Dios llevó a cabo un tremendo avivamiento por medio de la vida de este joven de 30 años. Un pastor escribió acerca de Morgan lo siguiente: “Esta parece ser la suerte de muchos hombres de Dios; son reprobados por los hombres, para ser vindicados por Dios mismo”.


La mayoría de las personas hemos experimentado en alguna medida el rechazo. Algunas personas logran recuperarse de tal sentimiento e incluso viven como si nada hubiera pasado. Pero otras, al sufrir el rechazo, se han visto muy afectadas emocionalmente. Esto ha ocasionado un dolor profundo en la vida. Tal es la situación que muchos han hecho del rechazo su forma de vida, llegando a descalificarse y degradarse como personas.


Después de ser rechazadas y aceptar ese rechazo en el corazón, muchos no creen que algo bueno pueda suceder en sus vidas. Piensan que las bendiciones, la gracia e incluso la misericordia de Dios no puede ser para ellos. Se ven a sí mismos como personas sin valor que no tienen a dónde ir, pues piensan que no tienen ningún valor.


Cuando somos heridos emocionalmente, estas heridas llegan a afectarnos en el ser interior causando todo tipo de emociones negativas y dolorosas, malas actitudes, miedos e incluso enfermedades físicas. Dios quiere librarnos del resentimiento, el rechazo, la depresión, la culpabilidad, el miedo y la condenación.


Dios quiere ser refugio y fortaleza para nosotros. Él quiere darnos un lugar seguro en donde podamos experimentar el amor del cielo y la aceptación divina. Esto es algo que todos necesitamos. Solo Dios tiene el poder para sanar las emociones, los recuerdos dolorosos y los sueños incumplidos.


¿Cuáles son las causas de un sentimiento de rechazo? Permítame hablar de algunas de ellas. Una persona puede llegar a sentir un rechazo profundo a causa del abandono o la falta de amor por parte de los padres. Quizá ocurrió por el divorcio de los padres, la muerte o el suicidio del padre, o por los hábitos destructivos por alguno de ellos.


Otra causa de rechazo, puede ser el fracaso en algún aspecto de la vida. Quizá por el fracaso de algún proyecto o meta. Muchas parejas se casan con las más rosadas esperanzas solo para encontrarse atrapados al final en un divorcio horrible. El ser rechazados en el matrimonio crea una marca negativa en todos los aspectos de la vida y hace que ambos cónyuges se sientan condenados, devaluados y deprimidos.


Después de que una mujer se divorciara de su esposo por causa del adulterio de él, ella me escribió y me dijo: “Ahora que estoy divorciada, estoy condenada a morir sola. ¿Quién podría fijarse en una señora de mi edad? Sé que moriré sola”. Podemos ser rechazados de muchas maneras.


En lo personal, yo nunca fui bueno en los deportes. Cuando se hacían los equipos de futbol, siempre era el último en ser escogido. Aunque daba lo mejor de mí, nadie me quería tener en su equipo. Esa era una de las razones por las que me sentía inferior todo el tiempo. Un amigo me dijo el otro día: “Yo nunca he ganado un premio o algo parecido en toda mi vida. No creo que algún día llegue a tener esa experiencia”.


Ahora, añada su propia historia a la lista. ¿Cuál es su experiencia? El rechazo es destructivo y arruina la vida. Sin el poder sanador de Dios, nos encontraremos paralizados por el temor y la angustia. Algunos, debido a las consecuencias dañinas del rechazo, caen en algún placer compulsivo con tal de aplacar su dolor. Otros se vuelven paranoicos, o caen presa de la timidez, la desconfianza, la confusión, el orgullo, la pereza o la depresión.


La buena noticia, es que Cristo vino al mundo a “sanar a los quebrantados de corazón” (Lucas 4:18). La muerte de Cristo en la cruz no solo nos trajo perdón de pecados sino que también incluye el alivio de nuestras emociones heridas y el dolor. Al respecto de Jesús, la Biblia dice:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).


Cristo es nuestro sanador y aquel que restaura nuestras vidas. La Biblia nos dice que Él mismo experimentó el rechazo: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Él es el único que de verdad entiende nuestra condición y el único que puede lidiar con nuestras dificultades.


Ponga su fe en Jesús, quien sana el corazón quebrantado. Reciba el día de hoy su gran amor y perdón en su corazón. Usted ya fue aceptado y amado por el Padre celestial por medio de Cristo. “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4). Aunque haya sido rechazado y menospreciado por otras personas, Dios le amó y le aceptó por medio de Cristo. Usted nunca será rechazado por Dios pues Él siempre le amará. Recuerde, “Rechazados en la tierra, aceptados en el cielo”.



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